El miedo en la infancia

Con la llegada de la fiesta de Todos los Santos y su Noche de Brujas las calles y la programación televisiva se inunda de telarañas, murciélagos e historias escalofriantes y posiblemente sea un buen momento en el que hablar con nuestros pequeños de sus temores y miedo.

El miedo es una emoción innata que todos poseemos y  conocemos, caracterizada por su intensa sensación desagradable ante la percepción de algún peligro real o no y que, al igual que la ansiedad, sirve como mecanismo de supervivencia para reaccionar ante el peligro.

Esta emoción, que nos acompaña desde que nacemos, durante los diferentes estadios o etapas de desarrollo va evolucionando y se asocia a un tipo u otro de situaciones, elementos o estímulos.

Los bebés no comienzan a manifestar este sentimiento antes de los seis meses de vida. Es a partir de esa edad cuando empiezan a experimentar miedo a las alturas, a los extraños y otros. Surge también en esta edad  la ansiedad por separación de la figura de apego.

Entre el año y los dos años y medio, se intensifica el miedo a la separación de los padres a la que se le suma el temor hacia los compañeros extraños. Ambas formas de miedo pueden perdurar, en algunos casos, hasta la adolescencia y edad adulta, tomando la forma de timidez, pero lo habitual es que vayan desapareciendo progresivamente a media que el niño crece.  Es en esta etapa cuando empiezan también a surgir los primeros miedos relacionados con pequeños animales y ruidos fuertes como pueden ser los de una tormenta.

En la etapa preescolar se inicia una evolución de los miedos infantiles. Se mantienen los de la etapa anterior (extraños, ruidos, etc.) y pueden entrar en escena los estímulos imaginarios, los monstruos, la oscuridad, los fantasmas, o algún personaje del cine y sus series favoritas. También la mayoría de los miedos a los animales empiezan a desarrollarse en esta etapa y pueden perdurar hasta la edad adulta.

El niño a partir de los 6 años, sus miedos toman el relevo como temores más significativos y específicos (heridas, sangre, inyecciones).  Puede también presentarse temor hacia el fracaso escolar, temor a las críticas o miedo en la relación con sus iguales (miedo hacia algún compañero en especial que puede mostrarse amenazante o agresivo).

El miedo a la separación o divorcio de los padres estaría ahora presente en aquellos casos en el que el niño perciba un ambiente hostil o inestable entre los progenitores.

En la preadolescencia  hay preocupaciones derivadas de la crítica, el fracaso, el rechazo de iguales o amenazas que ahora son valoradas con mayor preocupación. Suelen aparecer también los miedos derivados del cambio de la propia imagen que al final de esta etapa empiezan a surgir.

Por último, en la adolescencia los relacionados con el rendimiento personal, logros académicos, relaciones interpersonales, reconocimiento, cobran especial importancia.

 

Es de vital importancia que el ambiente familiar en el que se desenvuelve el niño sea el adecuado basado en el cariño y la confianza. Algunas recomendaciones que ofrecemos desde Inicia Sarabia Psicología son:

  • Seleccionar lecturas infantiles adecuadas y cuentos agradables.
  • Fomentar la autonomía e independencia en nuestros hijos.
  • Seleccionar las películas y los dibujos que ven, en cuanto a su contenido.
  • Realizar cambios graduales en el entorno para acostumbrarles a situaciones novedosas.
  • Reforzar comportamientos valerosos.
  • Evitar la sobreprotección evitando fomentar la dependencia.
  • Enseñarles habilidades de relajación y autocontrol.
  • Y sobre todo, saber escuchar y dedicarles tiempo suficiente a nuestros pequeños.

 

El miedo es una emoción que nos acompaña y cambia a medida que lo hacemos nosotros. Si crees que tus hijos tienen miedos que limitan su día a día y perduran en el tiempo no lo dudes, contacta con nosotros.

 

Fdo.: Laura Llinares Espí

¿Cómo afecta el cambio de estación y de hora a nuestro estado de ánimo?

Muchos habréis leído u oído hablar de las personas termo-sensibles o incluso, algunos conoceréis a alguien cercano que, según experimenta distintas sensaciones a nivel físico, hace comentarios tipo “Mañana cambiará el tiempo” o “Mañana va a llover”. También si alguno de vosotros tiene alguna cicatriz o  algún hueso roto del pasado, quizás os sean familiares estas molestias con los cambios de clima. Pues podemos decir que, del mismo modo, ocurre a nivel emocional.

Sabemos que nuestro estado de ánimo es resultado de una combinación de factores internos propios de la persona y factores externos del entorno en el que vivimos. Y dentro de estos factores externos, encontramos los cambios estacionales y climáticos. Aunque influyen de forma ligera y a 1 de cada 100 personas

Conforme el año avanza y pasan cada una de sus estaciones, se producen variaciones que alteran nuestros ritmos biológicos y nuestro sistema de regulación hormonal: cambios horarios, de temperatura, de horas de luz y nivel precipitaciones. En estos casos las personas sensibles a estas variaciones (1 de cada 100 personas) pueden sufrir migrañas, problemas reumáticos, alteración en los ciclos de sueño y vigilia, aumento de los niveles de ansiedad y bajadas del estado de ánimo.

Empezando por otoño, estación en la que nos encontramos, la bajada de temperaturas, el aumento de precipitaciones y la disminución de horas de sol propicia la bajada del estado de ánimo y con el cambio de hora que se aproxima una desregulación en las comidas y ritmos del sueño. En estas épocas se produce un aumento de ataques de pánico y principio de cuadros depresivos.

En invierno, la bajada de temperatura y la disminución de horas de luz son más acentuadas. Esto hace que disminuya nuestro nivel de actividad y abandonemos algunas de las actividades agradables que realizamos durante el resto del año, motivo por el que es más frecuente sufrir bajadas de ánimo considerables que mantenidas en el tiempo derivan en trastornos depresivos.

En primavera, todo empieza a cambiar, poco a poco aumentan las horas de luz y comienzan a subir las temperaturas aunque, las precipitaciones siguen presentes. Es también tiempo de alergias y reacciones en la piel. Durante esta estación es frecuente experimentar momentos de euforia seguidos que momentos depresivos, y a nivel general la población experimenta la famosa astenia primaveral: cansancio, fatiga, somnolencia, irritabilidad, falta de apetito y deseo sexual y malestar general. Es también en esta etapa donde vivimos un nuevo cambio horario.

En verano, los golpes de calor y el exceso de horas de exposición al sol hacen que estemos más irritables, cansados, fatigados y que nuestros niveles de tensión bajen considerablemente.

 

¿Qué podemos hacer para que estos cambios estacionales y climáticos no alteren nuestro estado de ánimo?

Es aconsejable durante estas fechas:

  •                Realizar ejercicio suave.
  •                Prestar una especial atención en los hábitos de alimentación y mantener una buena hidratación.
  •                Seguir buenos hábitos de sueño, evitando siestas de más de 20 minutos.
  •                Previamente a los cambios de hora, una semana antes ir modificando 10-15 minutos nuestros horarios de comida y sueño.
  •                En épocas de pocas horas de luz, tratar de exponerse al sol 10 minutos cada día.

 

Es normal que, durante los cambios estacionales o climatológicos nos sintamos alicaído y desorientados varios días e incluso alguna semana, como todo cambio requiere un tiempo de adaptación. El problema aparece cuando estos síntomas se mantienen durante un periodo de tiempo razonable, siendo el momento oportuno en el que recurrir a la ayuda profesional y prevenir males mayores. Si la entrada del otoño y el cambio horario afecta significativamente a tu día a día, no lo dudes, consulta a un profesional.

DÍA MUNDIAL DEL CÁNCER DE MAMA

Hoy es el día mundial del cáncer de mama por lo que hemos pensado que es un buen momento para hablar de este tema desde Inicia Sarabia Psicología.

Cáncer de mama ¿qué es?

El cáncer de mama es un tipo de tumor maligno que tiene su origen en la mama. Además, estas células malignas tienen la capacidad de invadir otros tejidos sanos próximos y meterse en el torrente por donde viaja la sangre, siendo capaces de reproducirse en órganos alejados de la mama.

El cáncer de mama es el tumor más frecuente en mujeres. No obstante, la enfermedad también se reproduce en los hombres, aunque en un porcentaje muy inferior.

Y esto, ¿afecta a mucha gente?

Según la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), más de 63.000 personas sufren el cáncer de mama cada año. Se estima que el riesgo de padecer este tipo de cáncer es de 1 de cada 8 mujeres.

Un dato curioso es que, en España, la incidencia de la enfermedad varía en función de la provincia, siendo la más alta en Cataluña (83.9 casos por cada 100.000 habitantes).

¿Qué tiene que ver el cáncer de mama con la psicología?

Sin duda tiene que ver ¡TODO!

En el transcurso de la enfermedad se atraviesan momentos en lo que la ayuda psicológica a la persona afectada puede ser crucial. Tanto el impacto del diagnóstico, como la ayuda en la adaptación a los tratamientos médicos (cirugía, quimioterapia, radioterapia, terapia hormonal…).

Para la mujer, el pecho es un símbolo de feminidad importante, por lo que la pérdida del mismo conlleva pérdida de autoestima y autoimagen. Incluso algunas mujeres pueden dejar de sentirse mujeres. Si a esto le sumamos alguno de los efectos secundarios de los tratamientos químicos como la pérdida del cabello, los mareos, náuseas, vómitos, sabor metálico en las comidas, descenso del deseo sexual… , parece que la psicología cubre un papel importante. Se trata de ayudar en la adaptación a toda esta sintomatología asociada y ayudar al entorno de la persona en estos momentos tan difíciles.

Se ofrece asistencia para todos los posibles temores que surgen en este proceso como por ejemplo ¿Qué dirá mi marido? ¿Me seguirá viendo atractiva? ¿Mis hijos lo estarán llevando bien? ¿Qué pensarán si ven a su madre calva? ¿Les voy a “traumar”? ¿Cómo voy a ir a la playa o a la piscina?

Si estás en una situación parecida, o conoces a alguien que lo esté…NO ESTÁS SOLA, PIDE AYUDA.

 

Fdo.: Cristina Pérez Belmonte.

¿Cómo detectar al enemigo? Síntomas de la depresión.

Es para muchos muy habitual usar la expresión “estoy deprimido” con frecuencia. Cuando tenemos un mal día o cuando estamos cansados nuestro estado de ánimo no está  en su nivel habitual y lo primero que pasa por nuestra mente es depresión, pero se trata de mucho más que eso.

La depresión es un trastorno emocional que, además de ser el más común y paradójicamente el menos diagnosticado y tratado, es uno de los trastornos que más daño hace a la persona que lo sufre y a quienes conviven con ella.

En sus numerosas variaciones, invade y altera todas las áreas de la vida de la persona que la padece e implica cambios importantes en la forma de pensar, sentir y actuar.

Según estas tres áreas de cambios clasificamos y evaluamos los distintos Síntomas de la Depresión:

  • ¿Qué sentimos? Nuestras emociones y sentimientos cambian sensiblemente. Nos inunda unas ganas casi incontrolables de llorar, notamos tristeza, apatía, desánimo, ansiedad e irritabilidad.
    A nivel físico y corporal la persona nota cansancio continuo y excesivo, opresión en el pecho, tensión muscular, pierde el apetito, tiene problemas para conciliar el sueño y es muy corriente notar una importante disminución del deseo sexual.
  • ¿Qué pensamos? la persona tiende a verlo todo negro, le invade el pesimismo y la negatividad. Solemos pensar mal de nosotros mismos y de la gente que nos rodea, nos culpamos por cosas que hicimos y nuestra autoestima se reduce notablemente. El mundo pasa a parecer un lugar hostil, injusto y absurdo, no entendemos la vida ni el cómo ni por qué de las cosas. El futuro se percibe como un callejón sin salida.
  • ¿Cómo actuamos? tendemos a ir reduciendo nuestra actividad, nos volvemos más pasivos, dejamos de salir, de ver gente, de hacer cosas que nos gustan e incluso, en casos más severos, dejamos de ir a trabajar, todo acompañado de quejas continuas acerca de todo y de todos.

Pero no nos alarmemos, que en algún periodo corto vivamos cambios de este tipo no significa padecer una depresión. Por ejemplo que un estudiante experimente durante unos días tristeza, desanimo, culpabilidad, etc, tras suspender un examen, no sería motivo para alarmarse. Para considerar que una persona está deprimida tiene que sufrir varios de estos cambios o síntomas mantenidos durante un periodo de tiempo razonable.

Pero ¿Por qué nos deprimimos?

Siempre se ha pensado que la depresión era cosa de desajustes bioquímicos en el cerebro, sin embargo, estudios actuales dan otras explicaciones.

Para que una persona se deprima es necesario que en el ambiente en que vive sucedan cambios apreciados como desagradables: enfermedades propias o de personas queridas, conflictos con amistades, familiares o de pareja, problemas económicos o perdidas de trabajo.

Cuando la persona percibe esta pérdida, iniciaría un periodo normal de tristeza y estado de ánimo bajo pero, si no sabe o no tiene las habilidades para hacer frente dicha pérdida, empezarían a surgir los síntomas nombrados anteriormente, involucrando modificaciones en el funcionamiento bioquímico del Sistema Nervioso Central encargado de la regulación del estado emocional.

Desde esta perspectiva, concluimos que estos cambios bioquímicos no son la causa, sino, parte del proceso y resultado de la depresión.

Profundizando un poco más, una vez comprendida la visión anterior, podríamos enumerar 4 tipos de pérdida como causa y origen de la depresión:

  • Cambios en la vida que afectan negativamente. El impacto dependerá de qué se ha perdido y del valor subjetivo que se conceda a esa pérdida, por ejemplo perder un ser querido.
  • Ruptura de cadenas conductuales. Cambios en el ambiente que a primera vista no parecen causar pérdidas significativas, pero que a la hora de continuar con nuestra rutina puede apreciarse en pequeños detalles, como por ejemplo al cambiar de domicilio o puesto de trabajo.
  • Aumento de la cantidad de aversión. Se produce un aumento considerable de acontecimientos negativos, que van empañando el valor de lo positivo, por ejemplo un aumento de carga de trabajo.
  • Pérdida de reforzadores simbólicos. Vivir determinadas circunstancias en el día a día que llevan a la persona a perder la fe en sus valores, su filosofía o sus creencias.

Resumidamente, la persona tiene que vivir algún tipo de pérdida subjetivamente significativa. Pero si nos paramos a pensar, todos en algún momento de nuestra vida vivimos alguna de estas pérdidas, entonces ¿Por qué unos se deprimen y otros no?

Como podéis ver hablamos de un trastorno con múltiples factores y variables influyentes y es ahí donde radica la importancia de solicitar ayuda profesional para detectar lo antes posible este tipo de problemas. Es entonces cuando se podrá dotar a la persona de habilidades para afrontar y superar con éxito o, más importante aún, prevenir futuras apariciones y recaídas, tema del que hablaremos en el siguiente post.

 

Fdo.: Cristina Sarabia Pérez.

¿DE QUÉ SE COMPONE EL AMOR?

El psicólogo Sternberg, en 1986, crea la teoría “el triángulo del amor” en la que explica que el amor tiene tres vértices: la intimidad, la pasión y el compromiso.

 

  1. La intimidad.

Este componente se refiere a la confianza mutua, la comunicación, las experiencias compartidas, la cercanía y la sinceridad. Cuando este componente es el único presente, se trata más bien de una relación de amistad pero dará la sensación de que “falta algo más”.

¿Cómo aumentar la intimidad?

Se puede aumentar la intimidad, por ejemplo, pasando tiempo de ocio juntos donde disfrutéis de actividades y creéis nuevos recuerdos positivos. Otra forma de potenciar este componente es a través de la comunicación, es decir, centrarse en lo que gusta de la pareja en lugar de lo que molesta.

 

  1. La pasión.

Este vértice del triángulo hace referencia al deseo afectivo, sensual y sexual. Se trata de un deseo de unión con el otro y de atracción física como parte fundamental. No obstante, este ingrediente generalmente es más intenso al inicio de la relación y se estabiliza conforme ésta avanza; estando influido por factores externos e internos. Cuando en una relación sólo está presente la pasión, podemos decir que la relación se describe como amantes que puede funcionar en un periodo corto de tiempo pero que, con el paso del mismo, no será suficiente.

¿Cómo aumentar la pasión?

La pasión se puede trabajar a través de ejercicios como: potenciar el lado afectivo (caricias, besos, abrazos, piropos,…), o crear espacios donde podáis expresar el deseo de estar juntos, como por ejemplo, con masajes, compartiendo fantasías, con ropa que atrae a la pareja, perfumes, etc.

 

  1. El compromiso.

Se trata del acuerdo entre ambos miembros para mantener la relación a lo largo del tiempo. Hay muchos tipos de compromisos diferentes, por ejemplo, un compromiso laboral en el que se realiza un acuerdo comercial entre socios.  En el caso de la pareja, el compromiso se enfoca en la decisión de generar con el tiempo más intimidad y pasión estando muy relacionado con la exclusividad y la dedicación a la persona.

¿Cómo aumentar el compromiso?

El compromiso se puede trabajar, por ejemplo, haciendo planes en común (tanto inmediatos como a corto y largo plazo), o creando símbolos que transporten a momentos especiales como ir a ese restaurante especial, mirar fotos, juntar recuerdos en una caja, escuchar la canción que compartís…

 

Conociendo los componentes del amor, podéis plantearos: ¿están equilibrados los componentes?, ¿en qué parte del triángulo tenemos que trabajar para tener una mejor relación?

Fdo.: Cristina Pérez Belmonte

Actitud Mindfulness, VIVE AQUÍ Y AHORA.

Seguro que muchos habréis oído hablar sobre mindfulness o también conocido como conciencia plena. De forma muy breve y sencilla, ya que en culturas asiáticas y orientales va único a contenidos espirituales, podríamos decir que se trata de una actualización de técnicas como la meditación y los métodos de autocontrol.

Meditar consiste en elegir un punto de atención o un pensamiento y concentrarse en él. Es una habilidad que requiere su tiempo de entrenamiento y aprendizaje, pero una vez adquirida puede ser utilizada en muchos aspectos y momentos de la vida real.

Existen métodos específicos para entrenar y adquirir esta habilidad, pero una manera sencilla con la que comenzar sería practicar en dirigir la atención de forma voluntaria, empezando por actividades cortas y fáciles y progresivamente pasar a actividades más largas y complejas. Un buen ejemplo con el que comenzar seria darse una ducha, es algo sencillo que hacemos todos los días y que apenas nos ocupa unos minutos. Cuando realices esta actividad céntrate en las sensaciones exactas que experimentas a través de los sentidos: el sonido del agua, el olor del gel, la temperatura del agua, las gotas deslizando por la piel, etc. Cada vez que aparezcan pensamientos que te distraigan retoma el foco de atención, ten paciencia ¿Te acuerdas cuando te ponías a estudiar, cómo la mente se iba y te distraías con cualquier cosa hasta que cogías el ritmo? Pues esto es algo similar.

Se trata de una técnica joven y novedosa que desde la psicología se está empezando a utilizar en la intervención de problemas emocionales como la ansiedad, el estrés o la depresión. Pero con este post queremos ir más allá y ofrecer el mindfulness como una actitud o filosofía de vida.

El ritmo de vida que hoy llevamos hace que, de forma involuntaria, estropeemos momentos agradables y placenteros, pasemos desapercibidos momentos de disfrute o que intensifiquemos vivencias que ya de por sí son desagradables (por ejemplo, cuando estamos viendo una película en el cine y pensamos en las cosas pendientes que hemos dejado para mañana, o cuando algo se complica nos atascamos en “Por qué a mí”.) haciendo que nuestra mente no esté centrada en el presente, sino, dando tumbos de un lado a otro.

¿Cómo lo conseguimos?

Es una habilidad que requiere entrenamiento, pero una forma sencilla de empezar es la siguiente.

  • Dirige voluntariamente tu concentración a actividades cortas y sencillas por ejemplo ducharse.
  • Mientras realices esta actividad céntrate en las sensaciones que experimentar a través de tus cinco sentidos.
  • Practica siempre que puedas.
  • Poco a poco, conforme adquieras la habilidad céntrate en actividades más complejas.

Con la actitud mindfulness queremos defender vivir AQUÍ y AHORA, vivir cada momento en su justa medida. Se trata de conectar con la situación, sea agradable o desagradable. Disfruta de las carcajadas y caricias de los tuyos o siente la decepción y el enfado ante una traición en su justa medida, sin adornos o enturbiados por valoraciones negativas.

Fdo.: Cristina Sarabia Pérez

7 REGLAS DE ORO PARA VIVIR EN PAREJA

John M. Gottman y Nan Silver

  1. Mejora tus mapas del amor

Muchos matrimonios caen en la costumbre de no prestar atención a los detalles de la vida de su cónyuge. Uno de los miembros de la pareja, o los dos, apenas conoce los gustos, alegrías o miedos del compañero.

Las parejas emocionalmente inteligentes, por el contrario, conocen íntimamente el mundo de su compañero. Yo llamo a esto un “mapa de amor” bien detallado. El mapa de amor es esa parte de la mente donde almacenamos toda la información relevante sobre la vida de nuestra pareja.

Sin este mapa de amor no podemos conocer a nuestra pareja. Del conocimiento surge no sólo el amor, sino la fortaleza para capear las tormentas matrimoniales. Las parejas que cuentan con un detallado mapa de amor están mucho mejor preparadas para enfrentarse a las dificultades y conflictos.

 

  1. Cultivar el cariño y la admiración

El cariño y la admiración son dos de los elementos más importantes en una relación duradera y gratificante. Aunque las parejas felizmente casadas puedan distraerse a veces por los fallos del compañero, todavía sienten que la persona con la que se casaron es digna de respeto y cariño. Cuando esta sensación desaparece de un matrimonio, la relación no puede reavivarse.

Pero el cariño y la admiración pueden ser muy frágiles, a menos que seamos conscientes de lo importantes que son para la base de cualquier matrimonio feliz. Al recordar cualidades positivas de tu pareja –incluso mientras lidias con sus defectos–, puedes impedir que se deteriore el matrimonio. La razón es que el cariño y la admiración son antídotos contra el desprecio. Si mantienes una sensación de respeto por tu pareja, es menos probable que muestres disgusto hacia ella cuando discutís.

 

  1. Acercarse al otro

Acercarse al otro es la base de la conexión emocional, la pasión y la satisfactoria vida sexual. Acercarnos al otro nos hace ser conscientes de lo importante que son los momentos cotidianos para la estabilidad del matrimonio y para conservar la pasión. Cuando las parejas incorporan en su rutina charlas triviales o peticiones de atención y afecto, seguirán felizmente casadas. Lo que sucede en estos breves intercambios es que marido y mujer conectan, se acercan. En las parejas que se divorcian o viven juntas sin ser felices, estos breves momentos de conexión son muy escasos.

 

  1. Deja que tu pareja te influya

Los matrimonios más felices y estables a largo plazo son aquellos en los que los cónyuges se tratan con respeto y están dispuestos a compartir el poder y la toma de decisiones. Ante una discusión, uno de los cónyuges busca un terreno común, en lugar de insistir que se hagan las cosas a su manera.

Podemos traducir esta regla en “aprender a ceder” ya que para vencer muchas veces hace falta ceder.

 

  1. Resuelve los problemas solubles

Gottman plantea un modelo para resolver los conflictos en una relación que consta de los siguientes pasos:

  1. Suavizar el planteamiento de la discusión (que no conlleve crítica o desdén).
  2. Aprender a ofrecer y recibir intentos de desagravio.
  3. Tranquilizarte tú mismo y a tu pareja.
  4. Llegar a un compromiso.
  5. Ser tolerante con los defectos del otro.

   6.Salir del estancamiento

El objetivo aquí no consiste en solucionar el problema, sino en pasar del estancamiento al diálogo. El conflicto estancado será probablemente perpetuo en el matrimonio, pero algún día la pareja puede llegar a ser capaz de hablar de él sin hacerse mutuo daño. Se trata de aprender a vivir con el problema.

Para salir del estancamiento, primero tenéis que comprender su causa. Tanto si el problema es trascendental como trivial, el estancamiento indica que teníais ciertos sueños que no se están realizando o que no respetáis vuestros respectivos sueños.

 

  1. Crear un sentido de trascendencia

El matrimonio no consiste únicamente en educar a los hijos, dividir las tareas y hacer el amor. Tiene también dimensiones espirituales que se refieren a la posibilidad de crear una vida interior juntos, una cultura plena de símbolos y rituales, y una apreciación de vuestros papeles y objetivos que os una, que os lleve a comprender lo que significa ser parte de una familia.

Fdo.: Natalia Gracia Sánchez

8 Claves para que la vuelta al cole sea un ÉXITO.

Se acerca la vuelta al cole y muchos padres aprovechan con sus hijos estos últimos días para disfrutas de juegos, playa y piscina antes de volver a la rutina. Es normal que este regreso resulte para muchos niños abrumador y que esto genere en ellos algo de ansiedad, apatía o tristeza.

Ahí van estos sencillos consejos para abordar la vuelta a las clases con ilusión, optimismo y energía:

  • Retoma días antes del inicio de las clases horarios y hábitos. Es muy importante que la adaptación sea progresiva y que poco a poco se acostumbren a los horarios que tendrán durante el curso como horarios de sueño, alimentación, aseo tiempo de estudio y tareas etc. Incluso comienza a despertarles cada día un poquito antes.
  • Acude con tus hijos a realizar las compras del material escolar. Despiertas su ilusión por comenzar el nuevo año y estrenar sus nuevos materiales.
  • Ojead juntos los nuevos libros y cuadernos, sus ilustraciones, contenidos, etc.
  • Prepara con ellos el material escolar, prepara la mochila, el estuche, forra los libros, recupera el babi del armario etc.
  • Jugad juntos a alumnos y maestros. Hazles recordar, a través del juego, su rutina en clase.
  • Escucha y apoya las preocupaciones de tus hijos. Los niños buscan en sus padres la calma y tranquilidad que ellos no tienen, transmite a los niños toda la tranquilidad, calma y apoyo posible. Hazles saber que es normal que al principio cueste un poco empezar las clases, pero que en un par de días se convertirá en algo divertido y agradable. Utiliza frases optimistas y resalta los aspectos positivos del inicio de curso como reencontrarse con los compañeros.
  • Despierta a tus hijos cada mañana con ilusión y una gran sonrisa. Que aprecien que estamos contentos y entusiasmados por el inicio del nuevo curso.
  • Acompaña a tus hijos el primer día de clase.
  • Sorpréndeles con un premio o una actividad como recompensa al salir de clase. Que se vean fuertes al superar el primer día de clase.

Padres y madres No os rindáis. Es normal que los niños recurran a los llantos y pataletas mantenidas desde que se levantan hasta que entran en el aula. No cambiéis nada en el proceso, persistid en la rutina y asumirán sus nuevas responsabilidades.

 

Fdo.: Laura Llinares Espí

De vuelta a la rutina.

Ponerse de nuevo en marcha tras un periodo largo de descanso sin horarios, sin prisas y sin apenas obligaciones supone un gran esfuerzo para muchos. La vuelta al trabajo, reencontrarse con la realidad y retomar la rutina, requiere algo de tiempo para poder recuperar el ritmo y nivel de rendimiento habitual al cien por cien.

Para unos supone empezar una nueva etapa con energía renovadas pero, para otros que quizás no se sientan satisfechos consigo mismos o están mal en su trabajo, además de la necesidad de readaptación hay que sumarle la aparición de sentimientos de frustración, causando niveles altos de ansiedad. En estos casos las vacaciones suponen una liberación y la obligación de volver al trabajo dificulta, retrasa e intensifica el malestar de esta reincorporación.

El estrés o síndrome postvacacional no es más que la dificultad para adaptarse de nuevo a la rutina laboral o escolar tras un periodo vacacional prolongado. Podemos sentir cansancio generalizado, tensión muscular, falta de concentración e interés, nerviosismo, irritabilidad, pensamientos de preocupación o dificultad para organizarse.

¿Cómo podemos manejar esta vuelta al trabajo de forma exitosa?

  • Retoma hábitos y horarios rutinarios un par de días antes de comenzar.
  • Haz un resumen de tus días de vacaciones.
  • Recuerda algún momento de especial satisfacción o bienestar.
  • Trata de recordar esas buenas sensaciones que ese momento evocó en ti y revívelas en momentos de malestar.
  • Planea alguna actividad agradable sencilla a corto plazo para el próximo fin de semana.

 

Se trata de algo transitorio y breve. ¡Ten paciencia! En cuestión de una semana habrás retomado el ritmo de tu día a día.

 

Fdo.: Cristina Sarabia Pérez

¡Aprende a perdonarte!

 

Cometer errores forma parte de la vida y eso nos une a todos como seres humanos. Somos imperfectos y equivocarse es natural, es en nuestras imperfecciones donde encontramos parte de nuestra belleza.

Nos guste o no, fallaremos y en ocasiones nuestros errores perjudicarán a otras personas, incluso a aquellas que más queremos. Sabemos que de haber conocido una alternativa mejor de actuación para resolver determinado conflicto o situación, habría sido puesta en marcha. Aprendemos por ensayo y error, y lo importante es aprender de nuestros errores para crecer, corregir y evitar repetirlos.

Cuando fallamos surge de nosotros mismos una voz crítica que nos juzga, que nos lleva a pensar y repensar en lo que estuvo mal y en cómo nuestra conducta dice de nosotros que somos malos o tontos debilitando nuestra autoestima y despertando en nosotros el sentimiento conocido como Culpa.

Como todas las emociones, la culpa es necesaria y tiene su misión. Nos ofrece información sobre las consecuencias de nuestros actos y nos propone corregir y disculparnos. El mensaje que nos transmite es: «Hice algo malo». Pero esta emoción en ocasiones viene acompañada de otras como la vergüenza, la tristeza, la lástima por uno mismo convirtiéndola en una emoción desadaptativa.

La culpa se dispara cuando creemos que no hemos actuado correctamente, pero ¿Quién marca las medidas de lo que está bien y lo que está mal, lo que es correcto o incorrecto? Nuestra educación, cultura, creencias y valores son los que determinan cuándo y con qué intensidad nos sentimos culpables. Nos podemos sentir culpables por muchas cosas, por ejemplo, cuando decimos NO, cuando comemos en exceso, cuando pedimos ayuda o en la crianza de los hijos cuando queremos ser el mejor padre/madre. Nuestra mente interpreta la realidad que nos rodea en base a lo que hemos observado y aprendido a lo largo de nuestra vida y en consecuencia, experimentamos unas emociones u otras.

¿Cuántas veces nos hemos sentimos culpables y hemos pasado horas repasando una y otra vez la misma escena recreándonos en el traicionero “¿y si…?” o atrapados en el  repetitivo “Tendría que haberlo hecho así…”, “debería haberlo sabido…”? Sabemos que no podemos cambiar lo que ya ha sucedido, entonces cometida la falta, ¿De qué sirve castigarse?

Enfrentémonos a nuestros errores aceptando lo que hemos hecho, aceptarnos tal y como somos, con nuestras limitaciones y defectos. Sólo cuando seamos capaces de ver, aceptar y perdonar lo menos brillante de nosotros mismos podremos retomar nuestro bienestar buscando la forma de enmendar el daño y fortalecer nuestra autoestima.

 

¿Cómo no dejar que la culpa nos atrape y convertirla en nuestra aliada?

  • Detecta qué situación dio pie a la aparición de esta emoción.
  • Háblate amablemente, que tu voz crítica no te autocastigue.
  • Reevalua y detecta los posibles errores/daños cometidos.
  • Piensa en posibles soluciones o alternativas para remediar el error, pregúntate ¿Cómo podría solucionarlo?
  • Ponte en marcha e intenta reparar el daño.

En lugar del término culpa te recomendamos utilizar el concepto de responsabilidad. Culpa hace referencia a castigo, a la búsqueda de un culpable al que castigar y esto solo sirve para fustigarse. El termino responsabilidad es más adaptativo y hace referencia a la posibilidad de detectar qué has hecho mal, reparar el daño y aprender de ello.

 

El ser humano falla por naturaleza, Cualquier mal tiene una remedio por tanto no te sientas culpable sino responsables. Estamos en un camino constante de aprendizaje llamado “vida” y el verdadero error es no aprender de los fracasos.

Fdo.: Cristina Sarabia Pérez